2/4/08

Para Nuestro Relato^^ (Taller Literario)



Por Fernando Galindo...

Nuestro asunto es la locura, según el eje temático de la revista del Externado. Y bien, entonces el tema que plantée fue el siguiente. Doris Lessing, la actual premio nóbel, además de sus novelas clásicas y sus crónicas sobre la problemática en Zaire, tiene una pieza a mi parecer magnífica: Instrucciones para el descenso al infierno. En esta novela elabora un delicado y encantador juego, la narración alterna el espacio de la psique estropeada, donde un hombre nada hacia las orillas de una isla habitada por seres fantásticos, y el psiquiatra o psicólogo que analiza la condición del mismo paciente. Narrada así podemos completar la información de un ámbito por la narrativa del otro, es decir, gradualmente advertimos que la locura del personaje está reflejada en ciertas reacciones que tiene en su celda, en los intrumentos e incluso en las mismas enfermeras y médicos que lo atienden. En un principio, por ejemplo, la cama que los internistas ven, la asimila el loco como una canoa que naufraga. La enajenación forma un ámbito fantástico, que abre dos espacios para la distintos tipos de escritura, la médica y la fantástica, en cuyo desarrollo terminan por descubrir un horizonte especial.

El segundo frente lo procura un cuento de Wells. Por un accidente el protagonista de la historia sufre una perturbación en su vista. En lugar de divisar las manos y su cuerpo y el entorno alrededor suyo, contempla un escenario harto distinto. Siente extrañeza ante el humo, ante las manos que lo tocan y que no consigue ver. Los pormenores del relato no los recuerdo muy bien, sin embargo la historia une ambos eslabones, la realidad transmitida por sus cuatro sentidos, y el horizonte que le descubre únicamente la vista. Nuestro propósito consiste en utilizar las ventajas de ambos textos.Porque hay cientos. Los espacios narrativos y las exigencias son fabulosas. Y como quedó la cariátide de nuestra historia... Una escultora de poca monta, cuya vida frágil y aburrida se debate entre los encargos que consigue y la reciente infidelidad de su marido. Entre la desdicha y la desilución, llámalo si quieres desinterés, recibe un encargo para uno de los corredores del nuevo edificio municipal: una réplica de una escultura indigena, para la cual le fue entregado un módelo y un trozo inmenso de la misma piedra que emplearon los antiguos artistas para realizar sus obras. En la instalación comienza a ocurrir. Su mirada no ve otro espacio, como el caso de Davidson, sino el futuro.

En un principio pensé que ella pudiera ver el futuro distante, y allí entraríamos al terreno mismo de la ciencia ficción con el pie derecho y sin inconveniente. Sin embargo en aras de encontrar más fuerza para nuestra narración, decidimos que la escultura viera no la distancia de cientos de años, sino unos cuantos días y en esta visión encontrara en el horizonte un escenario que le fuera particularmente estremecedor... Algunos pensaron en el consabido muñon, otros prefierieron trepanar, en últimas... aquí ya entra la maña de cada quien.Estando la mesa así, conviene preguntar qué carajos ocurre... Una alternativa la procura el curador, en cuyo análisis e investigación encuentra una sentida diferencia entre el módelo y el tríptico que la escultora realizó. Ahora bien, si la piedra obraba este efecto, ¿por qué no trastornó a los artistas del pasado? Y qué sucedió con nuestra protagonista?

Ok... Ahí vamos.

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