10/1/08

Ciencia ficcion: El Humanismo de hoy

Ciencia ficción:
El humanismo de hoy

Antonio Mora Vélez
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

Pocas veces nos paramos a reflexionar sobre los orígenes y el papel de la ciencia-ficción. Ésta fue posible cuando la humanidad se convenció del principio heraclitiniano que afirma que todo es movimiento y entronca con las raíces más humanistas de la humanidad.

La ciencia y los orígenes de la CF

La ciencia-ficción –dicen los teóricos del género Robert Scholes y Eric S. Rabkin– sólo pudo empezar a existir como forma literaria cuando al ser humano le resultó como concebible un futuro diferente. Antes de Newton, de Darwin y de Marx, tal modo de encarar la realidad era poco menos que inconcebible. El primero demostró que las leyes que rigen el universo rigen también en la tierra y de ese modo facilitó el trabajo de extrapolación científica propio de la ciencia-ficción; el segundo afirmó que las especies animales no han sido siempre las mismas y el tercero que las formas de organización social han cambiado con el tiempo, con lo cual proporcionaron fundamentos a la concepción evolucionista que es también parte de la estructura del género.

Quienes han definido esta modalidad literaria toman en cuenta esta particularidad señalada. David Keterer sostiene que toda CF sugiere una realidad nueva y a menudo visionaria1; para Michel Buttor la CF es “la literatura que explora el campo de lo posible tal como la ciencia nos permite vislumbrarlo”; para Humberto Eco la CF es la narrativa de la conjetura y es realizada “mediante la extrapolación de ciertas tendencias del mundo actual que constituye la posibilidad mismade un mundo futurizable3 y para Amit Goswani la CF es el género de literatura que se ocupa de los cambios que se producen en la ciencia y en la sociedad”. Esta visión dialéctica, cambiante, histórica, del mundo no fue posible sino hasta el advenimiento de la ciencia moderna.

No es casual que varios de los autores arriba citados señalen como precursores del género a narradores del siglo XIX. Para Gattegno la ciencia-ficción data desde 1895, año en el que Herbert G. Wells publicó LA MAQUINA DEL TIEMPO; según Umberto Eco, quien identifica los conceptos CF y Anticipación, el precursor es Julio Verne con 20.000 LEGUAS DE VIAJE SUBMARINO (1870); en cambio los citados Scholes y Rabkin señalan la obra FRANKESTEIN (1818) de Mary Shelley, como la primera del genero, basados en que en ella “la ciencia hace plausible lo fantástico y en que el prefacio del libro, escrito por Percy Bysshe Shelley, sostiene que algunos tratadistas alemanes de fisiología han supuesto que no es del todo imposible el hecho en que se fundamenta esta novela”.

Antes de la Ciencia-Ficción existió la literatura fantástica, que se distingue de la realista en que su mundo posible es estructuralmente distinto del real ya que existe una oposición entre ambos que no permite franquear las barreras que los separan. En la CF, como dice Gattegno, exigimos la razón de ser científica, lógica, del argumento; en tanto que en la literatura fantástica aceptamos su trama sin discusión. “La verdadera esencia de lo fantástico –dicen Scholes y Rabkin– no tiene nada que ver con lo real”. La CF, por el contrario, sí, puesto que se ocupa de la realidad en lo más específicamente humano de ella: tratando el tema del progreso de nuestros conocimientos sobre el universo y el lugar que ocupamos en él, que es tanto como decir, la condición misma de existencia del hombre sobre la tierra. La anterior dicotomía existente entre las literaturas realista y fantástica se acabó con el surgimiento de la ciencia moderna y la aparición en escena de la ciencia-ficción. La razón es que la ciencia es de suyo fantástica y que ha justificado y hecho posible la realización en el mundo real de sus fantasías. La teoría de la relatividad de Einstein es no solo una teoría científica sino una fuente de fantasías que excede los límites de la imaginación cotidiana.

Hoy con base en lo anterior, los escritores de CF sostenemos que ella es la literatura realista y fantástica de nuestra era y no existe contradicción en la afirmación. Carlos Frabetti dice que la CF “es por su propia naturaleza a la vez fantástica y científica” y para Marcos Winocur es “Lo mágico con pasaporte de la legalidad científica”.

Estructura del género: Papel de la ciencia en él

La ciencia juega un papel determinante en la aparición y en la estructura de la CF pero no la define totalmente. Para quienes manejan el criterio de la anticipación científica como elemento modular del género es esencial que el relato se sujete a los cánones de la ciencia y que la prospección sea posible desde el punto de vista de la lógica científica. Es la llamada CF dura, caracterizada por su rigor científico. Pero no todos los narradores del género pensamos de ese modo. En la actualidad hay otras variantes que estiman que la CF ha desplazado su centro de interés hacia la influencia social y sociológica de las ciencias y que aceptan la validez de una obra de CF, independientemente de que maneje teorías científicas o no, siempre que refleje el espíritu de la época generado por el carácter revolucionario, transformador de las ciencias. Eugueni Brandis, crítico ruso, dice: “La tendencia divulgadora no es fundamental en la CF de nuestros tiempos. En primer plano se colocan los problemas sociales sicológicos, éticos o filosóficos”. Tal desplazamiento ha ampliado el papel de la imaginación en el género y orientado su norte hacia el humanismo. Además del espíritu renovador, la ciencia le aporta al género su léxico y su método, llamado de la conjetura por Umberto Eco. Sólo que la CF procede al revés. Mientras las ciencias explican un resultado real mediante una ley posible que luego verifica o descarta, la CF imagina una realidad y la fundamenta en una ley real o imaginaria, en un presupuesto científico, y no se preocupa por verificar el resultado imaginado, lo deja a la historia o a la eternidad, como dice Eco.

Cabe señalar aquí que la CF utiliza también como presupuesto a la llamada seudociencia y que en muchos autores, al lado de términos y teorías científicas, figuran otros de su total inventiva. Pero en ambos casos el escritor debe convencer al lector de que sus fantasías científicas son posibles en otro tiempo o en otros mundos.


El humanismo de nuestra época

“El progreso de la ciencia está destinado a acarrear una enorme confusión y miseria a la humanidad a menos que esté acompañado de la ética”, ha dicho Freeman Dyson. Este autor ha señalado en su obra1 que el progreso de las ciencias va por un lado y el de la sociedad por otro. “El problema fundamental para la sociedad humana en el próximo siglo (XXI) es el desajuste entre las tres nuevas olas tecnológicas (Informática, Biotecnología y la Neurotecnología) y las tres necesidades básicas de la gente pobre (educación, vivienda y salud buenas y baratas)”. Las ciencias aplicadas, dice este autor, se han dedicado a producir cosas que se vendan lucrativamente, en lugar de pensar en resolverle los problemas a la comunidad. Cosas para quienes pueden comprarlas, como las computadoras y los teléfonos portátiles, con lo cual contribuyen a ensanchar la brecha entre ricos y pobres y a restringir las posibilidades de igualdad y movilidad social. Las llamadas ciencias puras, por su parte, se dedican a manejar campos esotéricos alejados de los problemas cotidianos, como los de la conquista del cosmos y la física de las partículas. Dado el compromiso que los científicos tienen con los comités empresariales y estatales, las ciencias han aportado una cuota considerable de destrucción de la naturaleza y de la vida. Las ciencias tampoco escapan a la sindicación de catalizadoras, con sus inventos y aplicaciones, del egoísmo y de la agresividad del hombre.
Por las anteriores razones, en la CF actual uno de sus temas fundamentales es la ética. La razón estriba en que de la ciencia depende el destino de la civilización y como aquélla es, de suyo, ajena al problema moral o político, su manejo, la orientación que las naciones le den, ha pasado a ocupar un primer lugar en el catálogo de las grandes preocupaciones humanas. Dado que la ciencia ocupa un lugar en la estructura del género, como hemos visto, éste es el único que puede examinar las tendencias del desarrollo y señalar salidas o correctivos para los problemas que aquella ocasione. La CF es medularmente evolutiva, no entiende la sociedad en forma estática: no aspira simplemente a retratar un instante o una etapa de la vida humana sino a prospectar el mundo hacia delante. El realismo tradicional no puede mostrar un cuadro más patético y sugerente sobre las consecuencias de una guerra nuclear que el dibujado por la ciencia-ficción. Tampoco lo puede hacer frente al tema de la contaminación ambiental. La razón es sencilla: sólo la CF, por cuanto aborda la realidad desde una perspectiva dinámica, puede referirse al futuro posible, al desenlace de los problemas actuales que han sido generados por la ciencia. Y dado que el futuro de la humanidad está estrechamente ligado al uso que el hombre haga de la ciencia y la tecnología, la ciencia-ficción –una especie de Sócrates colectivo de la vida moderna– ha devenido en el humanismo de nuestros días.


Ciencia ficción y originalidad

La utilización por parte de los escritores de ciencia ficción de algún tema o concepto de otro escritor anterior, es uno de los tópicos que confunde a los lectores y personas que no poseen mayor información sobre el género y que desconocen las reglas implícitas de la creación literaria en este campo. Muchos suelen decir que ese escritor carece de originalidad y hay quienes llegan a acusarle de plagio. Sobre el particular conviene tener en cuenta los siguientes referentes y conceptos: Por los años 30s Karel Capek, escritor checo de CF, acuñó en una de sus novelas, el término robot (derivación de una palabra checa que quiere decir trabajo duro). Ese término lo popularizó años después Isaac Asimov, sin que nadie haya osado decir que el autor de Yo, Robot (1950) sea un imitador. Tal vez el primer escritor en tratar el viaje por el espacio fue Luciano de Samosata (siglo III d.C) y a nadie se le ha ocurrido señalar a Julio Verne de plagiario por haber escrito muchos siglos después su célebre libro De La Tierra a la Luna (1865), ni a los centenares de escritores que han trabajado después la “Space Opera”. El viaje por el tiempo, antes de H.G. Wells lo escribió Edward Bellamy (Looking Backward, 1888), y no creo que haya un terrestre que ponga en tela de juicio la importancia de La máquina del tiempo (1895) del primero, ni que descalifique a los muchos narradores que han escrito obras sobre lo mismo.

Conviene precisar entonces que los temas de la ciencia ficción no son de propiedad de quien primero los haya tratado del mismo modo que el amor no lo es de Shakespeare ni de los demás clásicos que lo han utilizado en sus ficciones. Antes que Paul Andreson el tema de la corrección de la historia fue tratado por Isaac Asimov en su novela El fin de la eternidad (1955), pero es sabido que Paul Anderson logró una mejor y más literaria versión del mismo con la novela Guardianes del Tiempo (1960) que a mí particularmente me gusta más; y nadie ha descalificado a Anderson por haberse “apropiado” de un tema de Asimov.

Esta especie de patente para utilizar los temas y hasta los conceptos, inventos, leyes y descubrimientos ficticios de los narradores de ciencia ficción que nos han antecedido, es parte del reto y del encanto del género. En esta época es mucho más frecuente este recurso porque fantasear con la ciencia se ha vuelto más difícil dado que ella se ha vuelto más fantástica que la mejor de las fantasías literarias. Alguien dijo que el “plagio” cuando va a acompañado de “asesinato” se vuelve lícito. En este caso la utilización del arsenal prestado de los escritores anteriores, lícito de por sí, se valida sin necesidad de “asesinato”, cuando la nueva obra propone una trama, lenguaje, argumento, proposiciones científicas y éticas diferentes y el sello personal de su autor.

EL autor:

ANTONIO MORA VÉLEZ, escritor colombiano, autor de los libros de cuentos GLITZA (1979), EL JUICIO DE LOS DIOSES (1982) y LORNA ES UNA MUJER (1986), de varios ensayos y de los poemarios LOS CAMINANTES DEL CIELO (1999), EL FUEGO DE LOS DIOSES(2001) y LOS JINETES DEL RECUERDO (2004), este último en la web). Antologado por Daína Chaviano en JOYAS DE LA CF, La Habana, 1989.


Bibliografía:

Brandis, Evgueni, En el mundo de la fantaciencia, revista Literatura Soviética Nro. 1 (403) de 1982.
Butor, Michel, La crisis de desarrollo de la CF, 1953.
Eco, Umberto, La CF: el arte de la conjetura, Suplemento Intermedio, Barranquilla, 1985 agosto.
Freeman Dyson, "Mundos del futuro", Grijalbo, Barcelona, 1998.
Frabetti, Carlos, Ciencia-ficción 6a colección Bruguera, Barcelona, 1972.
Goswani, Amit, CF: una doble experiencia de la realidad, El correo de la Unesco, noviembre de 1984.
Ketterer, David, Apocalipsis, Utopía, CF, Edic. Las paralelas, Buenos Aires, 1976.
Scholes y Rabkin, CF: Historia-Ciencia-Prospectiva, Edit. Taurus, Madrid, 1982.
Winocur, Marcos, CF ¿Imaginación creadora o evasión?, revista Plural, México, Nro 163, abril de 1985.

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© Antonio Mora Vélez
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen VI – Número 24
Enero-Febrero-Marzo de 2006
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia


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