31/1/08

Acerca de la Ciencia Ficcion en Colombia por Ricardo Burgos

Acerca de la ciencia ficción en Colombia
Ricardo Burgos


Tomado de: La ciencia ficción en Colombia. Tesis de Maestría. Bogotá: Universidad Javeriana, 1998
ACERCA DE LA CIENCIA FICCION COLOMBIANA


A efectos de aproximarnos al tema e incluir sus líneas generales. Trazaremos primero un esbozo histórico del mismo y luego enumeraremos algunos juicios globales en relación con el estado y trayectoria del género.

• UN ESBOZO HISTORICO DEL GENERO

1.1 LITERATURA FANTASTICA EN COLOMBIA ANTES DE 1930

En general, la sociedad colombiana del siglo XIX se caracterizó por la disputa entre los partidarios del Idilio y la Utopía, concebidas ésta y aquella más o menos en los términos ya señalados en otro capítulo. La posición idílica representada por los conservadores pretendía perpetuar la tradición española, establecer estrechas relaciones Iglesia-Estado y acogerse al modelo del pensamiento católico. En contraste, la Utopía Liberal era portavoz de un incipiente discurso científico, abierto a tradiciones distintas a la hispánica, laico y promodernista. Tras distintos escarceos que en distintos momentos mostraban arriba o abajo a estas dos concepciones, hacia 1886 logra imponerse la Arcadia Heleno-Católica a la Utopía Liberal y así es como Colombia ingresa en el siglo XX (1). En este período de hegemonía conservadora que sólo vendrá a interrumpirse hacia 1930 con el comienzo de la llamada República Liberal , se acallan la visión científica y el pensamiento racionalista que representan la Modernidad,y en su lugar se consolidan "viejos valores hacendarios" que privilegiaban conceptos como el de la honra y el honor, y desdeñaban procesos de autonomía individual o secularización.

En el campo literario, el debate señalado también se reflejó. La Arcadia Heleno-Católica visible -por decir algo- en textos como María de Isaacs o en las obras costumbristas, gustaba de la nostalgia rural y de la añoranza de los viejos valores y estructuras coloniales. En contraste, los textos de la Utopía Liberal -como por ejemplo los de José María Samper- eran de tono progresista, con confianza en la educación, el progreso y la posibilidad de perfeccionar las instituciones humanas (2). En el período que va desde 1886 hasta 1930 -y como ya había ocurrido en el siglo XIX- cuento y novela no son bien vistos por el establecimiento crítico colombiano, y en cambio se beatificaban la poesía y el ensayo. De todas maneras. el ideal en novela y cuento era el de un relato castizo, con valor educativo(esto es, que inculcara cierta ideología política y moral), y que socialmente cumpliera una labor útil (3). Así mismo, se enfatizaba en lo que en ese entonces se llamaba una "literatura nacional", es decir, una literatura que fuera reflejo fiel de "nuestra identidad" y "nuestra realidad". Como podrá observarse, si exceptuamos sus defectos y cualidades idiosincráticas. Colombia se encontraba más o menos ante el mismo embeleco que por entonces era epidemia en toda Latinoamérica. Por eso mismo es que al ver la luz La Vorágine en 1924, la novela de Rivera se constituyó en el paradigma a seguir (4); esa obra que exaltaba al país y al patriotismo que cumplía una importante labor de denuncia social y que se acogía a ultranza al realismo (entendido éste en la forma más simple de mimetismo o copia), era el ejemplo de una auténtica literatura nacional y continental. Groseramente bosquejado, el anterior fue el panorama -por cierto, nada acogedor- en medio del cual destacaron algunos escarceos de literatura fantástica en nuestro medio. Si dejamos a un lado las variedades mítico-folclóricas consistentes en algunas leyendas y mitos populares que bien o mal perduraron desde la Colonia hasta el siglo XIX, el balance de la literatura fantástica colombiana durante el siglo XIX se reduciría a dos hechos: algunos relatos que Curcio Altamar localiza como "Post-románticos" , y el empleo de cierta estructura fantástica en Silva y en algún otro modernista como Emilio Cuervo Márquez (de pronto hay por ahí algunas fábulas pero no las consideraremos). En nuestro siglo XIX no puede hablarse ni de narraciones góticas, ni de utopías, ni mucho menos de ciencia ficción, aunque pueden toparse algunos motivos en esos sentidos que de ninguna manera permiten afirmar la existencia de tales géneros.

En la segunda mitad del siglo XIX, dentro de la denominada "Novela del Post-Romanticismo" (5), aparecen algunas obras que pretendían narrar eventos misteriosos acaecidos en Colombia, el terror de los bandidos en ciudades y villorrios, y una que otra espeluznancia; son textos donde por las ciudades de la época flotan cierto aire de arcano, intriga y folletín. Para nuestra reseña histórica de la ciencia ficción cobra importancia una novela de 1876 de Bernardino Torres Torrente: El ángel del bosque, una obra que -salvadas las diferencias- podría encuadrarse al lado del aluvión de relatos que también en la segunda mitad del siglo XIX, emergieron en Occidente inspirados en las doctrinas espiritistas de Camilo Flammarion (6). La historia no es que sea la gran cosa: no es sino el relato de un hombre que al conocer en algún lugar del Valle del Cauca a un espiritista practicante llamado Rafael, termina abandonando su fe materialista y convirtiéndose al "Cristianismo Espiritista”. Si recordamos nuestra división de la literatura moderna en dos tradiciones: Naturalista y Fantástica {olvidándonos de lo que significó el movimiento del siglo XIX llamado Naturalismo), El ángel del bosque no alcanza la dignidad de literatura fantástica, pero sí podría ser catalogado como una novela naturalista que incluye algunos relatos fantásticos. De hecho, esas historias o argumentos fantásticos por demás sabrosos que de vez en cuando suelta, resultan más fascinantes que la historia principal. Si omitimos las taras que para un lector de hoy podría tener una narración como ésta (el pavoroso afán moralizante y sermoneador, el partido que toma por la Arcadia Heleno-Católica con todas sus consecuencias, los personajes estereotipados e idealizados, o la estructura de cuento de hadas vallecaucano), creo que para la historia de la ciencia ficción y la literatura fantástica en nuestro país, el libro sí encerraría importancia por las siguientes razones:

a) Inserta la literatura colombiana dentro de una de las líneas que no es ciencia ficción propiamente dicha pero que -como anotamos en el apartado 8.4 del capítulo I- le sirvieron a la ciencia ficción posterior como fuente de imágenes e ideas: el espiritismo. Concretamente, El ángel del bosque se corresponde con esos relatos espiritistas que, sin mayor rigor ni pudor, mezclaban dos discursos pertenecientes a esferas diferentes: la ciencia y la religión, o la ciencia y la ideología del status quo. Aunque las conclusiones de semejante caldo son de un escolasticismo, medievalismo, edenismo y catolicismo que puede resultar indigesto, lo cierto es que en el texto ya se discuten algunos motivos cienciaficcionísticos como la posibilidad de otros planetas habitados aparte de la Tierra (aunque fuera por espíritus) o nociones como las de telepatía o predicción del futuro. Así mismo, en algún momento controvierte las concepciones de lo que es "fantástico" y lo que es "real" y acaba concluyendo que tales nociones son tributarias del devenir histórico, y por ende, relativizables. b) En algunos instantes de la obra existe la voluntad de explicar racional –y no sobrenaturalmente- aquello que resulta incomprensible o fantástico (así por ejemplo se pretende justificar ciertos hechos fantásticos sucedidos en la Colombia del pasado, o algunos eventos extraños ocurridos en la novela). De todos modos, no está de más anotar que la noción de "ciencia" o de "explicación racional" que maneja este libro, le erizaría los pelos a un científico o epistemólogo contemporáneo. c) Para la historia de la literatura de terror propiamente dicha, incluye al menos tres interesantes relatos: uno con un personaje apodado "El Adivino" (un individuo que cada vez que visita a Rafael, días después ocasiona la muerte de algún ser querido, y que viene a ser el único elemento realmente maligno del libro. Una segunda con un cartel fantasma que apareció anunciando una desgracia en la friolenta Bogotá de 1560 y que se toma de las crónicas de Juan Rodríguez Freyle; y una tercera que narra como un ejército de fantasmas en 1813 y durante la guerra de independencia, hizo huir a una guarnición española. Al menos en dos de estas tres historias se procura una explicación racional- y yo agregaría empobrecedora- del suceso d)Tal vez lo más olvidable son las planísimas y almibaradas epifanías de ángeles que más que otra cosa son imaginería e iconografía católicas, y que a veces- tan esperpénticas serán- a uno le recuerdan el angelito protagonista de la reciente Dulce Compañía de Laura Restrepo (7). En general, la obra de Torres Torrente tiene valor para la ciencia ficción colombiana por ser de las primeras en estos lares en asomarse (que no desarrollar ni investigar) a algunos motivos, ideas y lugares de la ciencia ficción posterior. La obra no es ni literatura fantástica ni ciencia ficción moderna, y si quisiéramos hacer un censo de objeciones literarias nunca concluiríamos, pero al menos se le reconoce que en medio de la marea de romanticismos, costumbrismos y realismos de nuestro siglo XIX, siquiera es un tanto rara para su país y su época. El Ángel del Bosque tiene el mérito de que al menos dio un paso (eso sí, uno solito) en la dirección del extrañamiento que es indispensable para acceder a la literatura fantástica y la ciencia ficción modernas (8).

En cuanto al segundo hecho importante para la literatura fantástica durante el siglo XIX (9), deberíamos mencionar la estructura de De Sobremesa (1896) de José Asunción Silva, posibilitada por ese Modernismo que ya intentaba escapar del deseo documental de la literatura epocal y al cual ya nos hemos referido. Como sabemos, el relato de José Fernández con base en el cual se informa la novela, ha sido reconocido como uno de los primeros ejemplos de metaficcionalidad en la literatura colombiana, en tanto al final del texto el lector no sabe con certeza si la narración fue una alucinación, un sueño o eventos efectivamente sucedidos; la obra propende a la indecidibilidad pues al culminar su lectura no es factible determinar qué es ficción y qué es realidad, o cuáles son los límites de cada una (10). Esta ambigüedad estructural que ya es reconocida por Todorov como un rasgo identificatorio de la narrativa fantástica (11), permite aseverar que en De Sobremesa ya surge la primera muestra de esta vertiente moderna del género en Colombia. Como ya se enunció en el capítulo anterior, en Latinoamérica fue el Modernismo el primero en incursionar en narraciones fantásticas modernas como una de sus estrategias para "desrrealizar la realidad" y recuperar el misterio (12). Imbuido de esta óptica, Silva también es un precursor del género, pero no se incorpora a él mediante relatos ocultistas como Darío, o góticos y de ciencia ficción como Lugones, sino mediante el empleo en su novela primordial, de una estructura con tendencia al autosocavamiento. De este modo, la literatura fantástica moderna nace en Colombia siéndolo por el modo de contar y no tanto por los episodios que cuenta, no nace dentro de las variedades utópicas, góticas o de ciencia ficción, sino dentro de la corriente metaficcional.

En el campo cuentístico y también dentro de la óptica modernista. debemos mencionar algún relato de Emilio Cuervo Márquez como Phrazomela ( 1892) (13) un texto acerca de un hombre que " lee " el pensamiento de otro. Aunque en el mismo cuento se insinúa una explicación racionalista basada en el fluido magnético y el número de vibraciones de las ondas sonoras, tan socorridos en el siglo XIX, lo cierto es que la narración como tal resulta indecidible. En tanto la explicación para el evento incomprensible queda flotando entre lo natural y lo sobrenatural (y en ese sentido Phrazomela es fantástico desde la concepción de Todorov). Aunque la búsqueda de una validación cientificista para lo inexplicable bien puede ser un argumento para postular Phrazomela como el primer relato colombiano de ciencia ficción, no puede olvidarse que su indecidibilidad es justamente la mejor contradicción de tal aserto. Que el cuento no opte de modo indubitable por una explicación naturalista, es lo que impide catalogar le de ciencia ficción plena. Eso sí, Phrazomela es una muestra más de la irrupción de la literatura fantástica moderna en América Latina, del empleo de estructuras propensas a la indeterminación. y -hay que decirlo- de una literatura fantástica cuyo valor no es tanto artístico, sino que deriva más del hecho de constituirse en una adelantada del género.

Ya en el siglo XX, y como otro de los antecedentes antiguos de la ciencia ficción en Colombia, tendríamos que contar con el relato de Soledad Acosta de Samper Bogotá en el año 2000 publicado en la revista Lecturas para el Hogar de 1905 (14). Allí, esta escritora que se caracterizó por cultivar prferencialmente el costumbrismo y la nov ela histórica, anticipa y critica “las interegularidades y las revoluciones sociales que el progreso traería” (15). Hasta 1928, cuando aflora el primer libro que por entero puede catalogarse en la ciencia ficción: Una triste aventura de catorce sabios de José Félix Fuenmayor, lo fundamental no es recordar alguna otra obra sino que, hacia los años 20. se comienzan a dar los primeros signos de modernización socio-económica, y que coincidiendo –coincidencia que no es casualidad- con el deceso de la hegemonía conservadora en 1930, la ciencia ficción del país hace su aparición en forma.

• DE 1930 A MEDIADOS DE LOS AÑOS 50

Entre 1928 y 1936 –en un lapso de ocho años y en medio de una literatura predominante de marcado carácter criollista y de protesta social- contemplamos los tres primeros libros colombianos dedicados por entero a la ciencia ficción moderna, y el género se instaura entre nosotros. A primera vista parecerá muy poco, pero si consideramos lo que se le exigía a un escritor colombiano de la Época, comenzamos a comprender que hacer ciencia ficción en este momento de la historia colombiana era un modo de contribuir a la modernización de la literatura y un acto herético respecto de lo que la crítica y el público consideraban canónico.
De 1910 a 1929 (16 ) y respecto de las convulsiones de años anteriores, el país vivió un período relativamente tranquilo en que alrededor de la década del 20 se emprende la modernización socioeconómica; en estos años -por ejemplo- surgen la aviación comercial y las primeras transmisiones de radio. Luego (17), a partir de los gobiernos liberales que se instauran desde 1930, este proceso de modernización se acelera, y se impulsa un estado progresista, programas de salud y educación, se construyen viviendas, carreteras y ferrocarriles, se prueba una reforma agraria. Los presidentes de la llamada "República Liberal" pretendieron erradicar los vestigios coloniales en el campo y modificar las estructuras políticas; así mismo (18), fueron testigos del incremento de las corrientes migratorias hacia las grandes ciudades y de una progresiva apertura hacia el mundo.

En el campo cultural (19), si bien más en la Costa Atlántica que en el interior del país, Colombia empezó a internacionalizarse, “deshispanizarse” y desregionalizarse (Esto último se refiere al hecho de que Colombia carecería de una tradición cultural orgánica. Desde el siglo XIX y hasta los años 50-60 en que se desintegran en Ibíd., p. 32-33. 349 1bíd., p. 39.
definitiva, en Colombia existieron cuatro regiones –Costa Atlántica, Altiplano, el Gran Cauca y Antioquia la Grande- que desde un punto de vista literario se hallaban relativamente desconectadas; no era fácil que lo que se hacía en una región se conociera en otra. Al hablar de desregionalización, Williams apunta a que en estos años esa tradición literaria inorgánica, comienza por fin a integrarse a pesar de que la total organicidad sólo se logra en las décadas del 50 y el 60). Aunque subsistía una literatura criollista, didactista, documentalista, preocupada por el conflicto en las zonas rurales y empeñada en el seudoproblema de reflejar “la identidad nacional”, aunque aún quedaban rezagos del mito de Bogotá como la “Atenas Suramericana ”, aunque todavía se entronizaban poetas conservadores como Valencia o los de “Piedra y Cielo”, en esta época –por lo menos en algunos sitios del país empezó a respirarse un aire más fresco y más acorde con el giro copernicano que por aquellos años experimentaba la literatura latinoamericana. Hacia los años 20, en una Barranquilla que por su condición de puerto fluvial y marítimo fue la primera ciudad colombiana en recibir el impacto de la modernidad como ya se advierte en la arquitectura del Barrio El Prado (20), en una Barranquilla más receptiva que Bogotá a las influencias del exterior y donde ya funcionaban las primeras estaciones de radio y las primeras salas de cine del país (21 ), el catalán Ramón Vinyes publicó la revista Voces , inició un movimiento literario que difundió en la Costa Atlántica a escritores europeos del momento, y terminó constituyéndose en un faro vanguardista frente a la literatura conservadora del interior. Más tarde, en los años 40 y junto a José Félix Fuenmayor, Vinyes será unos de los padres del llamado "Grupo de Barranquilla " donde se leerán y discutirán escritores modernos raramente frecuentados en el resto de Colombia,como Kafka, Borges, Faulkner o Cortázar.
Además de lo anterior (22), en nuestro panorama ha de considerarse que como efecto de la notoria desaparición de la "nación pastoril", y de la irrupción de aires modernos, la literatura colombiana –como ya lo muestran José Félix Fuenmayor en Barranquilla y José Antonio Osorio Lizarazo en Bogotá- desencadenó un interés creciente por temas de tipo urbano y que reflejaran las nuevas condiciones del país.

Aclarado así el marco epocal en medio del cual nació la ciencia ficción colombiana, el desarrollo de nuestro género en esta fase de la historia tendría como mojones esenciales los siguientes:

1) La ciencia ficción nace en nuestro país cuando los asuntos valorativos y sociales de la Modernidad comienzan a constituirse en la vida cotidiana de los colombianos, cuando Colombia entra de lleno en el círculo del racionalismo, del mercantilismo y de la industrialización. Una vez más, y como parece ser una constante, la cosmovisión de la Modernidad resulta hipotexto obligado de esa literatura llamada ciencia ficción.

2) Si hacemos una consideración estrictamente cronológica, la ciencia ficción es otro de los logros que deben adjudicarse al primer Grupo de Barranquilla donde fungía José Félix Fuenmayor. También en este terreno es el Grupo de Barranquilla quien trae vientos modernos a la literatura colombiana, cuando en 1928 el citado escritor publica Una triste aventura de catorce sabios. Al considerar el hecho, no resulta tan sorprendente si recordamos que ocurre en esa Barranquilla que era la ciudad más moderna y cosmopolita de la Colombia del momento; que el libro lo escribe uno de los miembros de la exígüa vanguardia cultural del país, más en contacto con las corrientes internacionales de la literatura y que probablemente desconocía la producción literaria del interior; que ocurre en una región costeña para su fortuna alejada de la crítica ultraconservadora, hipercastiza y grecolatinizante del interior; que Fuenmayor (23) pertenece a una región cuya literatura tiene por objeto -algo indispensable para la ciencia ficción- "contar cuentos" e historias, y no el proceso de la escritura misma como Sucede en la literatura del Altiplano; que este fue un escritor (24) distanciado de la gravedad y el carácter trágico, y más bien dado al humor y la parodia (al fin y al cabo hasta fines del siglo XVIII la ciencia ficción se desarrolló de modo preeminente en tono de sátira); que Fuenmayor (25) enseñaba a eludir el folclorismo y fue uno de los escritores que entre el "Nuevomundismo" (o literatura centrada en el choque hombre-naturaleza) y las temáticas urbanas, escogió las últimas; que nuestro hombre es ya uno de los pocos escritores modernos del momento, sino por la forma -que deberá esperar hasta los 60 con García Márquez y otros- si por sus contenidos zumbones, tomadores de pelo y desacralizadores (26); que Fuenmayor pertenece a una región colombiana más bien dada –otra vez por suerte- a la "mamadera de gallo" que al tono elegíaco (al fin y al cabo la ciencia ficción -repetimos- es literatura que no puede asumir absolutamente nada en serio, que tiende a la relativización hasta de lo más sacro).

3) En 1932 José Antonio Osorio Lizarazo publica Barranquilla 2132 y en 1936 M . F.Sliger hace lo propio bajo el elongado título de Viajes Interplanetarios en Zepelines que tendrán lugar el año 2009.
De nuevo no sorprende que Barranquilla 2132 haya sido editado en la ciudad homónima de 1932 que se encontraba más abierta al mundo, que precisamente se haya elegido esa misma ciudad como marco del relato, y que esto lo haya hecho otro escritor que también escoge la línea urbana frente a la rural, alguien que se preocupa de los efectos nocivos de la modernización, que no comulgaba con la crítica estrecha de la época. Tal vez, lo que sí es inusual, es que Osorio Lizarazu escriba uno de los primeros libros de ciencia ficción del país, cuando la mayoría de su obra la dedicó a la vida gris, amarga y mediocre de la mayoría de los colombianos pobres de su época, cuando él mismo concibió su novelística como "un instrumento adecuado para despertar una sensibilidad y para formar un ambiente propicio a obtener la afirmación de un equilibrio y de una justicia social" (27). No obstante, la contradicción no es tanta –como advertiremos luego- si tenemos en cuenta que a propósito Osorio Lizarazo quiso dedicarse a explorar el lado acerbo de la modernización y de la vida en las ciudades, que quiso investigar las desdichas de una Modernidad que no era tan progresista y gratificante como pregonaban sus publicistas. En Barranquilla 2132 –en clave de aventura y ciencia ficción precisamente el escritor bogotano martillará sobre los mismos puntos. La contradicción tampoco existiría si recordamos que críticos como Gutiérrez Girardot, han visto en Osorio Lizarazo uno de los pocos discursos contestatarios válidos no sólo frente a la República Liberal y su época, sino -añadiríamos nosotros- ante una Modernidad que en estos países ingresaba a pedazos. Con la ciencia ficción -sencillamente- Osorio Lizarazo atacaba las mismas hidras desde diferentes flancos, aunque en su incursión fantástica de pronto su cuestionamiento era más universal.
De Sliger anotemos que la crítica de su época –incluso la del erudito Curcio Altamar- no supo ubicarlo. Una nota de El Tiempo de 1936 se salía por la tangente diciendo que por ahora (entendido "ahora" como 1936) era imposible leerlo pero que seguramente las cosas mejorarían en el año 2009 (28); de otra parte, Curcio Altamar (29) percibe por un lado que la obra de Sliger es uno de los pocos conatos de narrativa fantástica y de especulación científica en nuestro país, pero por otro localiza la novela junto a narraciones de tipo psicológico que gustan de lo alucinatorio y onírico.

4) Que de todos modos, bajo el influjo de la modernización en aumento, en este período la literatura colombiana ya buscaba nuevas y diferentes vías a las canónicas del momento, se observa en otras obras que Curcio Altamar apunta, ora llamándolas psicológicas y ora fantásticas, y que no es del caso citar aquí. Sin embargo, como otra incursión en el campo de la ciencia ficción, señalemos un cuento que Germán Espinosa comenta favorablemente diciendo que ya en 1932 recordaba a Borges (30): La tragedia del hombre que oía pensar de María Castello (31). Ya es este un relato de ciencia ficción pues la explicación del fenómeno (un hombre que puede escuchar los pensamientos de los demás) es puramente racionalista y científica el tímpano del hombre es hipersensible a las vibraciones materiales de la actividad cerebral)- Podría pensarse también como ciencia ficción de ideas en tanto indaga las consecuencias de un evento fantástico inicialmente postulado y hegemónico para el relato. Pese a que deja deslizar un tufillo sermoneador, la narración no deja de ser una de las primeras –y amenas- exploraciones cuentísticas en el campo de la imaginación razonada (32).

5) Hoy en día se ha anotado que la literatura colombiana tiene bastantes "huecos" que se esfuerza por llenar así sea lentamente (esa por ejemplo. es la tesis de Pineda Botero). Es justo anotar que ya por los años 50, conocedores como Curcio Altamar ya eran conscientes de que uno de esos "huecos" se hallaba en la literatura fantástica. Tal vez con demasiado optimismo, en la mencionada década Curcio Altamar aseveraba que la novelística del país lo había ensayado todo a excepción de "las novelas de tipo fantástico, intelectualista o científico" (33), que allí se encontraba una de sus pobrezas. Así mismo, debe reconocerse que Curcio Altamar a este respecto llegaba a un diagnóstico atinado cuando explicaba que tal ausencia se debía al terrorismo político-literario de la época según el cual, el escritor estaba obligado a hacer proselitismo y a dejar de lado preocupaciones más universales como las condiciones humanas en una civilización materialista, técnica y mecanizada. Con una aserción de este tipo cobran mayor valor las escasas manifestaciones de la ciencia ficción; escritores como Fuenmayor, Osorio Lizarazo, Sliger, Castello o algunos otros que trabajaron la fantasía, se atrevieron a hollar parajes inexplorados en ese entonces. En este período, y junto a otras modalidades literarias, la ciencia ficción no es sólo una variedad "escapista " o "no nacional", sino una forma vanguardista.

6) Además de lo anterior, ya en este período se atisba una de las curiosas paradojas de la ciencia ficción en nuestro país respecto de la ciencia ficción de los países desarrollados. Si en aquellos naciones la ciencia ficción es una literatura de carácter popular, la nuestra -¡aporías del subdesarrollo!- es ciencia ficción de élite. Es bien claro. Si en los Estados Unidos de los años 20 al 50, la ciencia ficción era apetecida masivamente, en la Colombia de ese mismo momento el gusto popular -imanes de un país inseguro de sí mismo!- pedía realismo social(34). La ciencia ficción colombiana de estos años cobra valor histórico si consideramos que estos escritores (¿arriesgados?, ¿ilusos?, ¿las dos cosas?), seguramente eran conscientes de elaborar obras para públicos minoritarios.

7) De igual modo, en este período ya se observa otro rasgo que persistirá (aunque menos) en el próximo período: la ciencia ficción colombiana no es una tradición orgánica. En estos años que van desde el principio de la República Liberal hasta mediados de la década del 50 cuando Colombia ingresa de lleno en la literatura moderna, el quehacer literario continúa siendo regional y por ende inorgánico. La semiautonomía de las regiones llevaba a una gran ignorancia de lo que el resto del país literario estaba emprendiendo, y la ciencia ficción no era la excepción.

8) Otro rasgo, este sí claramente distintivo respecto del período, que se inicia en las décadas del 50 y 60: en esta fase existen "obras" de ciencia ficción pero no "escritores de ciencia ficción".
En estos años la ciencia ficción es sólo un experimento de un escritor pero nada más, no existe continuidad en el género.
Escritores de ciencia ficción propiamente dichos (que publiquen más de una obra, que tengan conciencia de género, que escriban análisis ensayos sobre ciencia ficción, que emprendan actividades editoriales para divulgarlo) sólo existirán desde la década del 60.

9) Al asimilarse la lección del Modernismo según la cual el escritor latinoamericano puede echar mano de todas las tradiciones y no exclusivamente de la hispánica, al superarse -al menos en algunos casos- el mismo lenguaje modernista dado a la retórica y el lujo, por otro con más espacio para la parodia y el juego, al abrirse al mundo y mostrar pretensiones más universalistas, al entrar de lleno en la órbita capitalista, racionalista y cientificista con todas sus repercusiones cosmovisionarias, la ciencia ficción y otras variedades fantásticas encuentran en este período un terreno fértil para hacer sus primeras manifestaciones en forma. Aunque continúa siendo un género raquítico si se le compara con el resto de la literatura colombiana, por lo menos en estos años ya puede decirse que la ciencia ficción ha construido casa entre nosotros. A partir de los 50 y los 60, cuando bajo el empuje de los medios masivos de comunicación, Colombia ingresa por entero en la cultura de masas y nuestra literatura se torna plenamente moderna, entraremos en un nuevo período para nuestras letras que también podrá considerarse tal para la ciencia ficción.

1- 3 DESDE MEDlADOS DE LOS 50 HASTA LA ACTUALIDAD

Desde fines de la década del 40 (aunque algunos hablan de años anteriores) para Colombia comienza un calvario que –mutatis mutandis- continúa hasta nuestros días: la Violencia. Como efecto de la desestabilización institucional que ella ocasiona, en los 50s aparece la dictadura militar y luego un Frente Nacional a partir del cual los gobiernos implementan "políticas de expansión capitalista dentro de un marco de democracia parlamentaria restringida dominada por los dos partidos tradicionales" (35).

En los años 60, como efecto de la difusión global de los medios masivos de comunicación y de la acentuada urbanización, bien o mal, los procesos de modernización del país se agudizan y -de nuevo con las diferencias que haya que hacer respecto de países desarrollados- empieza a acrecentarse la pluralización cultural en todos los sentidos que en últimas conducirá a que incluso "en estas tierras olvidadas de Dios", asome sus naricitas la manoseadísima Posmodernidad. En teoría, una nueva constitución proclamada en 1991, constituiría inclusive el espaldarazo oficial a ese reconocimiento del multiculturalismo y la heterogeneidad de estilos de vida, que lentamente se abre paso en el país.

En el campo literario el panorama es más o menos paralelo: A fines de los 40 y principios de los 50 todavía el país padece la crítica casticista grecolatinista e hispanista (36), en los 50 y 60 padecemos la idea de que si no se escribe sobre el conflicto social y la violencia, el escritor iría a la gehena, en los mismos 60 se instaura a plenitud la modernidad literaria y desde 1967 hasta bien entrada la década del 70 la sombra del Macondismo se cierne implacable sobre nuestras letras, desde mediados del 70 y hasta nuestros días, aumentan la experimentación literaria, la búsqueda de alternativas distintas al Realismo Mágico, la heterogeneidad de géneros y modalidades literarias, y la incursión cada vez más constante y consciente en las alternativas posmodernas (37).

Fundamental es también recordar (38) que desde los años 50 y 60, también como efecto de la modernización acelerada y de los medios masivos de comunicación, las culturas orales de las cuatro regiones básicas del país tienden a integrarse, ya se puede hablar de una Colombia Posregional y por ende de una literatura posregionalista y que tiende a ser más orgánica (a partir de entonces los escritores colombianos tienden a estar más ligados a la cultura escrita universal que a las culturas orales regionales, más ligados a movimientos literarios internacionales que a sus propias tradiciones regionales). Los años 60 y 70 constituyen también el momento en que se establecen en Colombia las primeras editoriales modernas interesadas en la novelística nacional, el instante en que editoriales internacionales instalan sus sedes en el país y en que el creador colombiano comienza a dirigirse no sólo a un mercado nacional sino también al internacional (tendencia que prosigue en las décadas siguientes).

Para el discurso literario es esencial mencionar lo que entraña la conciencia moderna. Desde que en 1955 debuta la primera novela que puede calificarse de tal en Colombia: La hojarasca de García Márquez, se intensifica la tendencia hacia cambios formales y de contenido en la novelística nacional.

ntre los cambios formales enumeremos la desaparición progresiva del narrador omnisciente, la multiplicación de los puntos de vista de una narración, el collage de voces, los monólogos interiores, la obligación de una participación más activa en la lectura por parte del lector, el abandono rotundo del afán documental, el cruce con elementos de la cultura popular. Entre los cambios de contenido citemos el gusto por el humor y la parodia, cosmovisiones que revelan agotamiento, abulia y aburrimiento espiritual, el cosmopolitismo, la desacralización, la orientación urbana y la insistencia en los sentimientos de vacío, alienación, soledad y dificultad de comunicación propios de la masificación. Esenciales son también los cambios que introduce la conciencia posmoderna en la literatura y que ya hemos mencionado cuando abordamos la ciencia ficción de este tipo en el capítulo I. Allí se promueve el gusto por estructuras neobarrocas y neomanieristas, la búsqueda de la indeterminación textual, el desdén por la verosimilitud, el goce en la palinodia o retractación, el nihilismo "cool" , la tendencia a la fragmentación y el caos, la inorganicidad, la indistinción entre realidad y ficción, la parodización de las instituciones y cánones literarios, el cosmopolitismo, el exceso experimentalista, el recreo en el kitsch, la desaparición de la anécdota para que el relato se centre en la narración de su propio proceso de escritura (de allí la desmedida autoconciencia y la ficción que habla de sí misma) (39).
Y nuevamente nos preguntamos: Dado este marco cultural y social ¿cuáles son los hitos esenciales en el desarrollo de la ciencia ficción colombiana? A nuestro modo de ver, podríamos delinear los siguientes: 1) La aparición en México de la revista Crononauta hacia 1964 (40). Aunque –como ya lo hemos mencionado en el capítulo anterior-Crononauta (41) hace parte de la historia de la ciencia ficción latinoamericana y de la ciencia ficción mexicana, el hecho de que entre sus directores encontremos al colombiano René Rebetez, uno de los dos cultores más constantes que tiene la ciencia ficción en nuestro país, nos permite hablar de esta revista como parte de la historia del género en Colombia (adonde -por cierto- alcanzaron a llegar ejemplares). Representa, así mismo, la primera extensión en firme de la ciencia ficción colombiana allende nuestras fronteras. Crononauta -como ha sido tradición en la ciencia ficción colombiana- fue una quijotada de Rebetez en unión de Alejandro Jodorowsky que (42) –como tantas publicaciones culturales en nuestro medio- era financiada del propio bolsillo de sus directores con alguna ayuda de la Secretaría de Educación Mexicana. La revista salía cuando se podía (43) y sólo alcanzó dos números, pero para nuestra historia es importante por las siguientes razones:

a) Constituye el primero -y hasta hoy único- intento de un colombiano por crear "fandom" alrededor de la ciencia ficción y la literatura fantástica. La revista pretendió –sin mayor éxito- auspiciar reuniones y actividades entre los aficionados al género de modo semejante a como lo hizo Hugo Gernsback en los Estados Unidos de loS años 20.

b) Es uno de loS primeros intentos latinoamericanos por impulsar la literatura fantástica y la ciencia ficción con base en obras originales escritas en español. En este sentido. Crononauta se diferencia de las revistas argentinas del género, pues estas se basaban en traducciones a nuestro idioma de las famosas revistas norteamericanas, más algunas adiciones autóctonas. En Crononauta, la mayor cantidad de textos son de creadores latinoamericanos y en menor medida europeos (claro que ya en el número dos, el número de autores latinoamericanos decrece bastante).

c) Dado que Rebetez y Jodorowsky no tenían una definición estricta de ciencia ficción. mirada desde hoy, alguien podría pensar que en la revista son más los textos en la línea de la literatura surrealista o del absurdo que aquellos que tratan los motivos y temas cienciaficcionísticos tradicionales. De hecho. la mayor parte de cuentos y poemas recuerdan más a Carroll o al "non-sense" que a un Bradbury o un Sturgeon. De todos modos, vista a la distancia tal falta de rigor en la escogencia de las colaboraciones, curiosamente hoy funciona en su favor, aproximándoles a las revistas que por esos años ingresaban en la Nueva Ola en el terreno de la ciencia ficción anglosajona. Así mismo, el criterio menos restrictivo de ciencia ficción que se maneja en Crononauta. Revela una mayor conciencia estetizante que la existente en las revistas estadounidenses.

d) Como punto a su favor se le anota también que -a diferencia de las revistas anglosajonas cuyas ilustraciones son muy historietiles- Crononauta cuenta con unas ilustraciones surrealistas, satíricas, agresivas y definitivamente líricas (lo que no asombra tanto si recordamos que -por ejemplo- uno de sus ilustradores es José Luís Cuevas). Aquí debe mencionarse de igual modo, la diagramación tan heterodoxa respecto de sus pares norteamericanas.

e) Es una revista deliberadamente juguetona, lúdica. A diferencia de revistas ya consagradas en la historia de la literatura colombiana como Mito o Eco. Crononauta muy rara vez cae en la actitud grave, y al leerla, más bien se tiene la sensación –muy laudable- de hallarse ante una travesura, una tornadura de pelo.

f) En general. Crononauta es importante por lo que hemos señalado pero sobretodo porque es de las primeras en sembrar una nueva semilla en nuestras letras. Por su universalismo, es otra contribución a que la literatura latinoamericana se abra a la Modernidad, a que la tradición fantástica "no sea tan ninguneada" (44)y a que en nuestro continente despertáramos un tanto de nuestro sueño naturalista.

2) En este período surgen escritores de ciencia ficción propiamente dichos (que ya se autodenominan -aunque no siempre- de ese modo, que publican más de una obra en el género, que poseen conciencia del mismo, que escriben análisis o ensayos sobre ciencia ficción, que emprenden actividades editoriales y de divulgación relacionadas con el área).

Mientras en el período anteriorexistían " incursionadotes en el, " genero pero no "escritores" con plena conciencia de lo que hacían en los años 60 y 70 asistimos a nuestra primera hornada de autores que consistentemente cultivan ciencia ficción y se preocupan por ella.

Cronológicamente el primer "escritor de ciencia ficción " que se asoma en Colombia es René Rebetez con su labor editorial en Crononauta, con su obra La Nueva Prehistoria y otros cuentos (1967), su ensayo sobre el género La Ciencia ficción-Cuarta dimensión de la literatura (1966) y alguna antología de ciencia ficción universal también editada en el México de 1966. Aunque todos estos trabajos ocurren en "el país de los charros" (un país cuya apertura a la literatura moderna ya los medios masivos de comunicación en los 60. era mayor que en Colombia), que sus textos ya estaban siendo recepcionados en nuestro medio, lo refleja la nota que el mismo Rebetez considera en exceso laudatoria (45), con que Germán Espinosa lo aborda en el artículo ya referido de 1967 ("La fantasía en casa de lo real-La ciencia ficción y la literatura fantástica en Colombia"). En el pequeño concierto de autores colombianos del género, Rebetez es la figura más conocida de nuestra ciencia ficción tanto nacional como internacionalmente. A ello no sólo contribuye que la mayoría de sus libros hayan sido publicados en el exterior y comentados favorablemente por autores latinoamericanos del género como el cubano Oscar Hurtado (46)sino también su inclusión en revistas norteamericanas como The Science Fiction and Fantasy Magazine y antologías de distintos países del mundo entre las cuales la más prestigiosa es The World Treaaury of Science Fiction ( donde su cuento La Nueva Prehistoria es una de las dos contribuciones latinoamericanas junto al Tlon, Uqbar, Orbis Tertius de Borges). Tras su etapa mexicana, Rebetez se desconectó de la ciencia ficción e incursionó en temas que le son caros como el sufismo o el budismo zen, en tanto para este escritor asuntos como esos “también son ciencia ficción” (opinión comprensible si consideramos que para Rebetez, el género es una de las modalidades modernas de la literatura mística) (47). En los últimos años, en la vida de Rebetez han acaecido dos retornos: En primer lugar se ha vuelto a residenciar en Colombia y en segundo lugar en 1996 –y paradójicamente por primera vez en su país- retorna al género con Ellos lo llaman amanecer y otros relatos, una colección de algunas narraciones de La nueva prehistoria y otros cuentos, junto a otras de su más reciente producción.

Si proseguimos con el orden cronológico, el segundo escritor de ciencia ficción que puede calificarse de tal en Colombia, es Antonio Mora Vélez. Sus tres obras básicas que aparecen entre finales de los 70 y la década del 80 son Glitza (1979), El juicio de los dioses de 1982 y Lorna es una mujer de 1986. Fuera de artículos diversos acerca del género, recientemente (1996) registramos una pequeña colección de ensayos titulada Ciencia Ficción-El humanismo de hoy. Mora Vélez también ha sido traducido a otros idiomas y recogido en antologías internacionales como Joyas de la ciencia ficción (publicación cubana de 1989). De cierta manera, este escritor representa las contradicciones a las que se ve sometido el género en nuestro país durante este último período: es la persona que más ha publicado ciencia ficción en Colombia (tres obras fuera de varias que mantiene inéditas), que sin embargo siempre han aparecido en ediciones regionales de precaria distribución. Es un autor canónico de la literatura nacional {hecho fácilmente comprobable si por canónico entendemos la acepción de Pineda Botero: autor que figure en los manuales e historias de la literatura (48)), y a pesar de ello es más lo que tiene guardado en el escritorio que lo que ha visto la luz (49). En efecto, Mora Vélez figura en diversos manuales de literatura colombiana que van desde el antipedagógico de Fernando Ayala Poveda (Manual de Literatura Colombiana) (50)hasta su bizarra aparición en el discutido Novela y Poder en Colombia de Raymond Williams {donde en una lista que supuestamente registra todas las novelas colombianas de 1965 a 1987, por error se incluye su libro de cuentos El juicio de los dioses). Empero, la canonicidad y el reconocimiento crítico de poco le valen en Colombia a un autor de ciencia ficción, cuando se nota como en Mora Vélez, que ha debido parir con dolor cada uno de sus textos conocidos. Mora Vélez es ejemplo eximio de dos características de la ciencia ficción colombiana contemporánea: buen reconocimiento por parte de críticos y comentaristas literarios, que sin embargo no vale para que el escritor pueda publicar más tranquilo y en mejores condiciones.

Si entendemos "escritor de ciencia ficción" en los términos ya señalados, René Rebetez y Antonio Mora Vélez son los dos únicos escritores de ciencia ficción en Colombia. Aunque este último período en la historia de la ciencia ficción colombiana es aquel donde más se ha publicado en el género, los demás autores que han escrito estos libros aún no dejan de ser como los del período de Fuenmayor y Osorio Lizarazo: incursionadotes pero nada más.

Colombia continúa siendo un país donde hay más "obras de ciencia ficción" que "escritores de ciencia ficción" pero esperamos que con el tiempo esos incursionadores y otros más, se unan al hasta hoy liliputiense club.

3) Como ya anotamos, el período que va desde mediados de los 50 hasta la actualidad ha sido aquel donde más se han publicado obras de ciencia ficción (11 de las 14 que analizaremos más adelante, uno que otro libro más que por cuestiones de tiempo no incluiremos, y cualquier cantidad de cuentos aislados de escritores como Gonzalo Arango, Eduardo Arango Piñeres, Jaime Echeverry , Augusto Pinilla, Eduardo Márceles, Arturo Alape (51) Pedro Gómez Valderrama (52), Hugo Ruiz o Alfonso Bonilla Naar (53)). Si en el período que va de 1928 hasta mediados del 50 se publicaron tres libros y algún cuento; de 1964 hasta hoy hemos contabilizado -fuera de la aventura de Crononauta- 13 libros (11 de los 14 que nos ocuparán luego, más otros dos que son Yor-El Cadete Espacial y El diabólico caballero de las estrellas) y una mayor cantidad de incursiones cuentísticas. Como género, la ciencia ficción colombiana aún tiene subgéneros y temáticas que luego anotaremos y en las que poco o nada se explora, pero es innegable que desde la apertura de los años 60, a pesar de las difíciles condiciones para esta clase de literatura en nuestro país, el género ha crecido por lo menos en volumen de producción y en temáticas abordadas. Contrario a sus comienzos donde dos de las tres obras se editan en Barranquilla y sólo una en Bogotá, ahora la mayoría de textos se han editado en Bogotá y las demás regiones del país le van a la zaga; extrañamente, ni una sola mujer ha escrito un libro completo de ciencia ficción en Colombia y, salvo los cuentos reseñados de Soledad Acosta de Samper, María Castello y probablemente alguna otra extraviada por ahí, la contribución femenina es nula. Apuntemos igualmente, que la mayor parte de las obras del género han aparecido en editoriales regionales con evidentes dificultades de distribución y circulación, que disminuyen cuando la editorial es de carácter internacional.

) Aunque como consecuencia de la mayor apertura mental de escritores, editores y lectores acerca del género, en los 60 el número de obras de la escasa ciencia ficción colombiana haya aumentado y ello podría ser un fundamento para inducir al optimismo; lo cierto es que aún falta por profundizar tal apertura. Dado que Colombia es un país que todavía no accede a una mentalidad literaria plenamente moderna ni universal y en cambio aún existen reductos afincados en lo autóctono, lo regional y una supuesta "identidad nacional" que no incluiría al género, la publicación de una obra de ciencia ficción todavía muestra más trabas de las que serían las normales. Como hemos anotado al referirnos a la ciencia ficción latinoamericana, aún falta trabajar para que escritores, editores y lectores de fines del siglo XX y comienzos del XXI. Al menos alcancen a llegar donde la conciencia de Borges ya se hallaba en los años 40.

5) Como también ya se señaló al comentar la ciencia ficción latinoamericana, la colombiana es otra que recae en la aporía de ser una "ciencia ficción de élite” no es una ciencia ficción popular sino una conocida por minorías, y reconocida por un grupo aún más pequeño de críticos y comentaristas. De todas maneras, ese reconocimiento crítico no le ayuda para aproximarse al gran público. Aunque respecto de la década del 60, la ciencia ficción colombiana de fines del siglo XX se ha incrementado lentamente, de ningún modo –para hablar en términos de la ciencia ficción estadounidense- le ha llegado su "Edad de Oro".

6) Que de todas maneras nuestra sensibilidad hacia el género se ha venido acrecentando, lo demuestra que por primera vez en la historia de la literatura colombiana, en 1997 el Instituto Concurso Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá, ha convocado al "Primer de Cuento de Ciencia Ficción" (56) – Esto cuando menos pierde terreno, y únicamente esperamos que de verdad sólo sea el indica que la infundada subvaloración del género, de alguna forma primero de toda una serie de concursos que se sostengan en el futuro. Sólo como curiosidad anotemos –eso sí- una pequeña aberración que se observa en las bases de este concurso: obligatoriamente el cuento debe tener como uno de sus referentes espaciales a Bogotá. Con esa simple limitación, se ve que todavía local", creada en el país se torna "colombiana" y adquiere "color y sabor la ciencia ficción latinoamericana: creer que la ciencia ficción se está incurriendo en una falacia que ya analizamos al considerar mediante el sencillón procedimiento de insertarle escenarios o eventos locales; creer que un relato de ciencia ficción colombiana deja de ser tal, si no nombra por algún lado, por lo menos un elemento folclórico.

7) Finalicemos esta sección concluyendo que la ciencia ficción colombiana ha experimentado su mayor desarrollo (pero no un óptimo desarrollo) de modo paralelo a la expansión de la conciencia de Modernidad en el país. Cuando en los 50 y 60 se afianzan los medios masivos de comunicación, la urbanización y otros procesos correspondientes a la modernización, nuestra ciencia ficción comienza a crecer lentamente (¡lástima que siga creciendo lentamente y no acelere esa velocidad de crecimiento!). Cuando a partir de los 50 y los 60, la literatura colombiana deja de ser regional y entra en el posregionalismo, cuando se pone fin al afán documentalista y al deseo de verosimilitud de los relatos, cuando los escritores colombianos empiezan a estar más ligados a la cultura escrita universal e internacional que a sus culturas orales y regionales, cuando la diversidad cultural del país se incrementa al contacto con corrientes culturales cosmopolitas, cuando se comprende que la literatura es ficción y nada más, cuando ya se sienten los efectos de la vida en las grandes ciudades, cuando la modernidad mejora la conciencia universal del país y ya no somos tan "Tíbet de Suramérica", cuando la literatura colombiana empieza a preocuparse por llenar sus "huecos" en tantos aspectos, la ciencia ficción colombiana por fin comienza a ocupar -y ojalá no sea por mucho tiempo- al menos un minúsculo nicho en nuestra cultura.

2- ALGUNOS JUICIOS SOBRE EL ESTADO DEL GENERO

Algunas apreciaciones generales sobre el estado, trayectoria y futuro del género en Colombia serían las siguientes:

1) Contra el cabal desarrollo de la ciencia ficción y de la literatura fantástica en nuestro país han atentado varios factores pero mencionemos el primero: la crítica que le hace el juego al poder, Williams apunta en algún momento que mientras el creador colombiano tiende a ser liberal, el crítico colombiano es más bien conservador (57). Si ampliamos los términos "liberal" y "conservador" despojándoles de su relación con los dos partidos tradicionales que ha debido sufrir este país, y pensamos que al decir “liberal” nos asociamos a modernidad, universalismo, relativización y vanguardia ( Ojo: Con esto no estoy haciendo apología del nauseabundo partido liberal colombiano). y al decir "conservador" nos asociamos a "reflejo o defensa del statusquo", encontraríamos una de las razones –quizá la esencial- para el menosprecio hacia el género que nos ocupa. La ciencia ficción –que pena repetirlo otra vez pero no hay más remedio- es un género moderno y por ello desacralizador, cuestionador, relativizador de valores ¿Cómo puede gustarle a quienes detentan el poder en Colombia, un género que matemáticamente nunca para de cuestionar los privilegios señoriales, hacendarios, feudales y en últimas oscurantistas sobre los cuales esa élite basa su dominio? ¿Cómo puede aceptar esa élite un género para el cual ideas como "nación" , "identidad nacional" , "valores nacionales" o “patria” (conceptos que hace tiempo la crítica marxista denunció como aparatos ideológicos de dominación de una clase sobre otra) no significan nada? ¿Cómo tolerar un género que siempre denuncia que el sistema de valores actual es histórico y carece de cualquier justificación racional'? ¿Cómo apoyar un género que jamás se detiene en su afán de demostrar- como ellas quisieran- que de ninguna manera la historia ha concluido en las actuales condiciones culturales, sociales y económicas? (por fortuna la ciencia ficción es "antifukuyamista") -En constataciones tan evidentes se halla la razón del subdesarrollo de la ciencia ficción (y otros géneros) en Colombia- Ideológicamente la ciencia ficción no es tan neutra o tan reaccionaria como se quiere vender. No obstante, la crítica literaria -quizá con alguna excepción- siempre ha subestimado al género en virtud de cánones sospechosos tras los cuales nunca deja de estar implícita la noción de que hay ciertos temas o modalidades literarias que "no le convienen a la nación" : hasta los 50 era digno de hoguera quien no hiciera "hispano-greco-casticismo", en los 50 y 60 era pecado mortal no escribir de la violencia ni "literatura comprometida", en los 60 y 70 cundió la "gabolatría" , desde fines de los 70 hasta los 90 viene la plaga posmoderna- La ciencia ficción y los géneros fantásticos de la modernidad nunca han hallado lugar porque primero se consideraba que no pertenecían a nuestras raíces "hispano-greco-castizas", luego porque no se ocupaban de "nuestros problemas nacionales", después porque no mostraban "nuestro realismo mágico" y por último porque no tienden a incurrir en las acrobacias posmodernas. El escritor "serio", o hacía lo que cada época determinaba o sino –como la ciencia ficción- se le tildaba de "extranjerizante", " reaccionario, "escapista" o quién sabe que más. En cada uno de estos cánones, la crítica literaria beatifica y anatematiza con base en ciertas ideas que fijan unilateralmente " lo que a Colombia le hace falta " ( ideas que la mayoría de las veces se imponen dictatorialmente o según las modas del exterior, que excluyen a cualquier cantidad de sectores de la población nacional, que pretenden lograr que olvidemos que no existe "una Colombia" sino "múltiples Colombias"). La crítica literaria, los profesores de literatura, los escritores y los lectores que se comen el cuento de que "hay cosas que no son colombianas" (generalmente "cosas que no le convienen a ciertos grupos") siempre acaban esterilizando el arte, absolutizando normas y valores, y quemando herejes, sin detenerse a pensar que existen tantas Colombias como colombianos. La crítica que olvida que no existe "un canon" sino tantos cánones como colombianos haya, irremediablemente cae en el juego del status quo.

2) Citemos de nuevo a Curcio Altamar cuando ya en los años 50 denunciaba que la literatura colombiana adolecía de falta de preocupaciones universales y de un exceso de atención a factores ideológicos. Ya lo hemos dicho también al evaluar la situación de la ciencia ficción latinoamericana: la ciencia ficción tiende a ser ajena al seudoproblema de la "identidad nacional o continental", sus pretensiones apuntan justamente a ese universalismo, ecumenismo y cosmopolitismo que desborda esos seudoproblemas; es literatura para revelar la vacuidad de banderas, religiones, sexos y razas, literatura para que, olvidándonos de estos y otros accidentes, miremos solamente seres humanos {así ellos sean verdes y con las cabezotas y antenas que les pintan en las tiras cómicas). Este sencillísimo rasgo de una literatura, aún cuesta acogerlo entre nosotros.

3) En Colombia la ciencia ficción siempre ha sido una literatura disidente (58). Cuando todos hacían criollismo y mundonovismo, la ciencia ficción colombiana ya era disidente; cuando todos hacían literatura comprometida y de la violencia, la ciencia ficción colombiana ya era disidente; cuando se puso de moda el "Macondismo", la ciencia ficción colombiana era disidente; cuando el boato posmoderno se ha vuelto la norma, la ciencia ficción colombiana continúa siendo disidente. En Colombia -de nuevo aporías del subdesarrollo- la ciencia ficción ha sido más contradiscurso de lo que se supone. De hecho, el día de hoy el género aún no encaja en ninguna de las clasificaciones, estudios y análisis sobre literatura colombiana, pues estos esquemas todavía no son lo suficientemente amplios y heterogéneos como para tolerarla (la otra razón para que la crítica colombiana se quede corta ante la ciencia ficción, está en que ella es una prosa sin artificio, prosa que no incurrió en neobarrocos y neomanierismos que desde los 60 han sido sobrevalorados en el contexto latinoamericano).

4) La ciencia ficción tampoco ha arrancado con fuerza en nuestro país por que los editores no arriesgan con ella convencidos en cada etapa de que el escrito colombiano debía dedicarse o al hispano-greco-casticismo, o al folclor, o a la violencia, o a la literatura comprometida, o al gabismo, o al neobarroquismo, o al neomanierismo (obviamente, convencido también de que no venden" y es mejor jugársela con Asimov (59)). No arranca porque los profesores de literatura no creen sano enseñar autores colombianos que por temas y tratamientos "no parecen colombianos". No arranca porque el escritor tiene que dedicarse a otras modalidades si desea que le publiquen (junto a esta afirmación, Germán Espinosa relataba que cuando aparecieron sus cuentos fantásticos y de ciencia ficción en La noche de la trapa , medio mundo se le vino encima increpándolo por ceder a veleidades y olvidar la violencia que azotaba al pueblo colombiano, así como la necesidad de la reforma agraria (60)). No arranca porque el lector promedio sencillamente desconoce que en Colombia sí se ha cultivado el género. No arranca porque críticos, editores, escritores, profesores de literatura y lectores colombianos del siglo XX -y sé que soy cansón al redundar- en gran parte seguimos siendo "Preborgesianos".

5) La ciencia ficción no ha despegado con fuerza en Colombia por que la influencia social de la ciencia no se aprecia del mismo modo en un país subdesarrollado como éste, que en una nación desarrollada. Aquí todavía no se ha percibido que el conocimiento científico es de vida o muerte para el hombre (remito a lo apuntado en las notas del capítulo II sobre ciencia ficción latinoamericana).

6) La ciencia ficción colombiana no arranca con fuerza porque Colombia ha sido un país donde la "literatura de ideas" es exígüa. En nuestra última etapa y si exceptuamos la misma ciencia ficción. fuera de algunas novelas y cuentos de Germán Espinosa y alguna adición más de Pedro Gómez Valderrama, prácticamente no hay nada más que nombrar. Aquí otra vez tendríamos que mencionar la sempiterna falta de conciencia universal en nuestra literatura.

7) La ciencia ficción colombiana se ha visto afectada por las mismas razones geopolíticas que ya hemos referido al hablar de la ciencia ficción latinoamericana. El reparto mundial de poderes que también abarca la esfera cultural, le asigna a América Latina unos temas y estilos que como escritor de país subdesarrollado, usted debe acatar. Pese a reconocimientos esporádicos a algunos escritores colombianos, es claro que esta tesis sigue siendo válida constatando la condición del género en Colombia (véase el capítulo a propósito de la ciencia ficción latinoamericana).

8) La ciencia ficción colombiana -como también se apuntó en el aparte latinoamericano adonde otra vez invitamos a dirigirse para completar esta nota- es una ciencia ficción que no se ha formado bajo el influjo de revistas sino de libros; carece de aficionados asociados o "fandom" ; no tiene calado popular aun cuando es reconocida por una pequeña población desdichadamente compuesta en su mayoría por críticos profesionales (61); respecto de "megacienciaficciones" como la estadounidense, es un género atrofiado con las ventajas y desventajas que ya señalamos en cada caso; y, finalmente, ocurre en un país donde quien desee leer ciencia ficción, casi siempre lo hace en autores norteamericanos (62).

9) La ciencia ficción colombiana en general NO representa una tradición orgánica. Considerados globalmente, los hacedores colombianos del género tienden a desconocerse, escriben sus textos de manera desconectada e inconsciente de lo que ha producido o dejado de producir su género en el país. Los editores, críticos, profesores de literatura y lectores, tampoco tienden a conocer la tenue tradición con que contamos en este sentido.

10) Para ser justos, debe decirse que otra de las razones por las cuales la ciencia ficción colombiana continúa enana en cantidad, es la misma razón por la cual la literatura colombiana carece de más calado popular: en Colombia no se lee (según algún estudio reciente los colombianos leemos en promedio 1,7 libros al año, es decir, ni siquiera dos libros anuales (63)). No es que en Colombia no se lean solamente la ciencia ficción o la literatura fantástica. No. Es que no se lee nada. Salvo los diarios amarillistas, Gabriel García Márquez, las tarjetitas de mensajes rosa para enamorados, algunas tiras cómicas, y algunos libros piadosos o novenarios, al colombiano común no le interesa ese asunto de la lectura.

11) Si como afirma Pineda Botero (64), en la literatura colombiana no ha existido género épico en sentido estricto, a nuestro modo de ver la ciencia ficción sería una de las contadas manifestaciones literarias que tienden a llenar el faltante que hay en ese sentido. La ciencia ficción colombiana vendría a completar esa literatura colombiana parca a la hora de loar el coraje, de suministrar aventura, de condenar la servidumbre resignada a la vida cotidiana, y de permitirnos experimentar la libertad.

12) En 1967 (65) Germán Espinosa se preguntaba si la literatura fantástica tenía futuro en Colombia y treinta años después volvemos a hacernos la misma pregunta aunque adicionándole un término:

¿tienen futuro la ciencia ficción y la literatura fantástica en nuestro país? En 1967 Espinosa se autocontestaba que era imposible responder a esa pregunta yeso es apenas obvio, salvo en libros de ciencia ficción como Fundación de Asimos, hasta hoy continúa siendo imposible predecir la historia. No obstante, creo que hoy más que nunca existen unas condiciones que sabiéndolas aprovechar, podrían redundar en un porvenir digno para el género. Hogaño, se necesita ser un ígnaro en el tema para aseverar que la ciencia ficción es solamente escapismo, infantilismo, actitud reaccionaria, opio para el pueblo o traición a la " identidad nacional" (que de pronto hasta lo es, pero también y en medida más esencial. justo lo contrario: enfrentamiento de la condición humana, actitud contestataria, ironía, crítica, poder simbólico, universalismo y ecumenismo; si nos ponemos pesados y envarados. hasta "valor educativo" podemos hallarle). Hoy se ha llegado a entender que no existe "un canon" de literatura colombiana sino que existen tantas "literaturas colombianas" como deseemos. Por fin se comprende que en el canon de lo que significan las literaturas colombianas, nuevos actores deben hacer su aparición. A cincuenta o sesenta años desde el comienzo de la lección de Borges, parece que por fin estamos entendiendo que en literatura da lo mismo recurrir a lo "fantástico" que a lo "real", lo mismo hablar de La Guerra de los Mil Días que de una invasión a Saturno. Por fin parece cundir el convencimiento de que la literatura es mera ficción y nada más, que el único deber del escritor es el de divertirse para que nosotros como lectores también nos divirtamos, que los profesores de literatura y los críticos deben abrir los cánones tradicionales y promover nuevos corpus, que literaturas antes marginales como la ciencia ficción también merecen estudios profundos, que el editor ha de recordar puntos como estos a la hora de ejercer su labor, que el lector tiene que hacer su tarea leyendo bien (esto es, divirtiéndose; si no se divierte, que tire el libro). Si hay algo positivo en la mentalidad posmoderna en la que estamos ingresando, es la de que cada vez más, se respeta la heterogeneidad y las opciones de vida en apariencia heterodoxas; ese sencillo cambio -sobre todo en la literatura- debería proporcionarnos esperanzas.

IV- ALGUNAS INCURSIONES EN LA CIENCIA FICCION COLOMBIANA

A continuación. analizaremos el corpus compuesto por catorce obras de la ciencia ficción colombiana, que ya hemos señalado en la Introducción. Aunque desde el punto de vista de los resultados, el examen es idéntico con independencia de si el libro es de cuentos o una novela, existen algunas variaciones prácticas. Si el libro es una novela, en primera instancia sintetizamos la obra, en segundo lugar la consideramos desde la poética que a nuestro modo de ver le estructura, en tercer término tomamos en cuenta su comportamiento respecto del contexto literario latinoamericano y colombiano, y de los rasgos definitorios de la ciencia ficción. y por último, determinamos una valoración y unas conclusiones. Si el libro es una compilación de cuentos, primero lo describimos, en segundo lugar sintetizamos y proponemos una cierta poética para cada relato, así como unas notas generales del texto, y de ahí en adelante, procedemos al resto del análisis en los mismos términos ya establecidos para las novelas.

VIAJES INTERPLANETARIOS EN ZEPPELINES QUE TENDRAN LUGAR EL AÑO 2009
SINTESIS

Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrán lugar el año 2009 (66) es el título demasiado largo para una novela demasiado larga (492 páginas en la edición de 1938) que -a diferencia de Fuenmayor y Osorio Lizarazo- fue escrita por un desconocido M. F. Sliger V. de quien cuanto sabemos es la información que aporta el mismo libro; es decir, que fue "Doctor Psico-terapéutico y veterano colombiano de la guerra mundial". Viajes interplanetarios (67) es la historia de una guerra entre los últimos habitantes del planeta Mercurio y una Federación conformada por Venus, la Tierra y Harte, que para fortuna de todos los mundos, acabará en un tratado de paz entre los dos contendientes. Tal guerra es vista primordialmente desde la perspectiva de Tomás, un heroico policía interplanetario que conduce las fuerzas contra Mercurio, ya quien le ocurren diversos avatares hasta que al final se casa con una mujer marciana y como en cualquier cuento de hadas, a partir de entonces vive feliz para siempre.

LA NOCHE DE LA TRAPA

Cronológicamente, La Noche de la Trapa (67) constituye la alborada de una nueva etapa en la historia de la ciencia ficción colombiana. El libro de Germán Espinosa que aparece en 1965, contiene 11 cuentos escritos entre 1961 y 1964, y constituye una de las primeras obras de ese escritor que llegaría a ser autor can6nico en la literatura nacional. Como tal, La Noche de la Trapa no es un libro dedicado íntegramente a la literatura fantástica y la ciencia ficción, pero puede describirse como una obra donde un autor hace sus primeras armas intentando alejarse en lo posible de lo que en este estudio hemos llamado literatura naturalista. Haciendo una clasificaci6n harto gruesa, de los 11 relatos de esta colección, 6 pueden ubicarse en la literatura fantástica. Los otros 5 -de corte psicol08izante o seudohistórico- no emplean ni motivos, ni temática ni recursos de la segunda gran corriente de la modernidad, aun cuando tampoco pueden adscribirse al realismo-documentalismo puro. Así pues, para efectos de nuestro análisis, consideraremos únicamente los 6 cuentos señalados a continuación.

WALDEN TRES
CONTEXTUALIZACION Y SINTESIS

A mediados de los 50, el psicólogo norteamericano B. F. Skinner se hizo célebre con sus tesis basadas en el denominado "Análisis Experimental del Comportamiento" (un paradigma neopositivista que enfatiza fuertemente el papel del aprendizaje en la conducta humana, así como la posibilidad de orientar cualquier comportamiento del individuo mediante un control estricto del ambiente en que se desarrolla). Como recuerda Pineda Botero (67), en los años 40 Skinner escribió una novela denominada Walden Dos, que a su vez toma su nombre de la obra Walden de H. D. Thoreau. En su obra, Thoreau narra su retiro a un espacio rural "para vivir en aislamiento y pleno goce de la naturaleza, lejos de los ajetreos de la civilización y del mundo industrial" (p. 123). En Walden Dos y siguiendo el modelo de Thoreau, Skinner crea una utopía de acuerdo con sus tesis en el campo de la psicología. Walden Tres de Rubén Ardila, es un texto que aparece en 1979 y que pretende continuar las tesis skinnerianas (68). Si Walden Dos narraba la vida en "una granja en la mitad de Estados Unidos donde la gente trabaja poco y tiene mucho tiempo libre para no hacer nada" (28), Walden Tres pormenoriza un país utópico ubicado en el trópico latinoamericano, que para resolver los problemas sociales se sirve del análisis experimental del comportamiento. Walden Tres amplía la experiencia utópica de Walden Dos desde una pequeña colonia hasta toda una nación. La novela se inicia cuando el líder militar Martín Lucero Rey consigue hacerse con el poder en Panamá mediante un golpe de estado. Con ayuda del psicólogo conductista David González, Lucero Rey instaurará una utopía fundamentada en los principios del socialismo humanista y del citado análisis experimental del comportamiento. De esta manera, el texto pasa a describirnos todas las reformas que sufre la vida panameña: se implantan nuevos patrones de crianza infantil, se transforma el calendario (que por ejemplo sólo pasa a tener 10 meses de 36 días cada uno, y semanas de 6 días), cambian las condiciones laborales de modo que no sean tan alienantes como antes, se reestructura el sistema educativo a fin de que nada se deje al azar (en la nueva educación se enseña todo: desde cómo reír hasta cómo sentir una emoción, la planificación es exhaustiva). En la denominada "Nueva Era" se modifican los patrones sexuales y familiares (se legaliza el matrimonio homosexual, se facilitan uniones y divorcios, se estimula a las parejas jóvenes para que vivan juntas antes de casarse, se establecen "Centros de Salud Sexual" es decir, clubes donde una persona -hombre o mujer- puede entrar y permanecer cuanto desee, hacer el amor con cuatro o cinco personas diferentes, participar en alguna orgía y luego "volver a casa con el marido o la esposa a quien realmente amaban'. (87). Se implementan medidas como la eutanasia, la eliminación del ejército, la desestimulación de las religiones (aunque se tolera profesarlas si alguien lo desea) o alternativas distintas para el tratamiento de la delincuencia y la criminalidad. En poco tiempo, Panamá se torna en una sociedad que desconoce problemas como el desempleo, la deserción escolar, los divorcios, el maltrato infantil, la contaminación ambiental, la discriminación de las minorías, la violencia o siquiera el aburrimiento. El equipo de científicos comandado por Lutero Rey y González consigue una sociedad de gente feliz, educada, inteligente, tolerante, sensible, solidaria, gente que muy poco o nada experimenta ansiedades o culpas de cualquier tipo. En esta utopía el estado lo controla todo y se inmiscuye en todo pero nadie se manifiesta insatisfecho con tal situación. La identificación "individuo-sociedad-estado.. es absoluta. La aventura culmina cuando cerca de cumplir su quinto año, una superpotencia extranjera invade Panamá con el pretexto de que en ese país no existía libertad para el individuo. Dado que Panamá no se había alineado ni con Estados Unidos, ni con la Unión Soviética ni con China, y pretendía seguir una tercera vía por fuera del capitalismo o el comunismo, el indefenso país latinoamericano se queda internacionalmente aislado y la utopía finaliza.

LOS DIOSES DESCIENDEN AL AMANECER
SINTESIS

Los dioses descienden al amanecer (69)) es el titulo de la novela que el barranquillero Rafael de J. Henríquez publica en 1990. La obra es la historia de una profecía de orden sobrenatural que se cumple en la Tierra. Involuntariamente , el antropólogo Ettienne Romain altera la mitica Arca de la Alianza mencionada en la Biblia. Del Arca -un altar con miles de extraños cubos localizados en un subterráneo de Tiahuanaco (Bolivia)- Romain separa dos cubos que acaban en distintas partes del mundo ocasionando toda clase de maravillas que van desde levitaciones hasta curaciones milagrosas o terremotos. Desdichadamente, ya que el Arca no puede ser violada, los dos cubos separados de su origen alteran también el equilibrio geomagnético de la Tierra, transforman por entero el clima del planeta, y por último desencadenan un segundo Diluvio Universal. Cuando parece que la raza humana perecerá por entero, un grupo de personas consigue hallar la forma de devolver los cubos al altar de Tiahuanaco, cesa el Diluvio Universal, y se restablece la armonía cósmica alterada por el hombre. La anterior que es la columna vertebral del relato está aliñada con multitud de elementos adicionales como misteriosos personajes sobrenaturales, espionaje de agencias de Estados Unidos y la extinta Unión Soviética , posible guerra nuclear, intrigas vaticanas, manuscritos secretos, tal cual asesinato, esoterismos y hermetismos de toda laya. En resumen, Los dioses descienden al amanecer es un texto de concepción ambiciosa, una conjugación de motivos extraídos de la ciencia ficción, la literatura mítico-folclórica, el esoterismo y la novela de espionaje.

ELLOS LO LLAMAN AMANECER Y OTROS RELATOS

Ellos lo llaman amanecer y otros relatos es la colección de textos que alrededor de la literatura fantástica y la ciencia ficción, René Rebetez publica en 1996 (70). Concretamente son 23 textos de los cuales 10 son cuentos extraídos de La Nueva Prehistoria y otros cuentos de 1967 (con lo cual Ellos lo llaman amanecer es de cierto modo una segunda edición de La Nueva Prehistoria y otros cuentos). De los 13 nuevos textos, 8 son relatos de fantasía y ciencia ficción, uno es un ensayo breve acerca de la ciencia ficción que nos ha servido en los primeros capítulos de este trabajo (El mito de la ciencia ficción) y los 4 restantes (Memorias de un crononauta, El tejedor de milagros, De CODK) un pirata y su loro con falacias y argucias me hicieron naufragar en esta isla y Veinte mil leguas de viaje subjetivo) oscilan entre la poesía en prosa, la autobiografía, declaraciones de principios poéticos y filosóficos, recolección de mitos populares o el testimonio. Así pues, para efectos de nuestro análisis, consideraremos únicamente las 8 nuevas narraciones de ciencia ficción y literatura fantástica incluidas, y no contemplaremos las 10 historias de La Nueva Prehistoria y otros cuentos que ya fueron examinadas en su momento.

1 Raymond L. Williams, Novela y poder en Colombia 1844-1987, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1991, capítulos 1 y 2. Ibíd.
2

3 Ibíd.

4 Ibíd.

5 Antonio Curcio Altamar, Evolución de la Novela en Colombia, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1975, capítulo VII.

6 Bernardino Torres Torrente, El ángel del bosque, Bogotá, Tipografía de El Expositor, 1922 (1876).

7 Por cierto, hay aquí un estudio por hacer sobre la imagen y función de los ángeles en la literatura colombiana que vaya desde este Ángel del Bosque hasta Dulce Compañía pasando por ese magistral ángel de Un señor muy viejo con unas alas enormes de Garcia Márquez, y que podría llegar incluso al reciente Hetatrón.

8 Para ser justos, habría que reconocer que también hay algún motivo en la línea del "magnetismo espiritista" en otro libro de Torres Torrente (Sombras y misterios o Los embozados de 1859), pero sin alcanzar tanto despliegue como los motivos e ideas de El ángel del bosque.

9 Aunque podríamos mencionar algún otro relato del siglo XIX con algún motivo fantástico o de ciencia ficción en su trama, la verdad es que en sentido estricto esas obras no son ni literatura fantástica ni ciencia ficción, y con el ejemplo de El ángel del bosque proporcionamos una idea de uno de los libros más próximos al género que nos ocupa.

10 Jaime Alejandro Rodríguez, Autoconciencia y Posmodernidad. Metaficción en la novela colombiana, Bogotá, Si Editores, 1995, capítulo 3.

11 A este respecto vale la pena anotar que lo que Todorov considera virtud, en su célebre Antología de la Literatura Fantástica junto a Borges y Silvina Ocampo, Bioy Casares lo juzga defecto. Según Todorov, el relato sólo es fantástico si sume al lector en la ambigüedad acerca de lo real y lo ficcional (si admite explicación natural sólo es "extraño", si admite explicación sobrenatural es "maravilloso"). Según el Prólogo de Bioy Casares en la antología citada (tesis que por cierto no aplicó a varios de sus relatos), un cuento que suma al lector en esa indecidibilidad, sólo revela que el escritor no ha podido manejar apropiadamente su material y por ello no ha sabido ni plantear ni resolver adecuadamente el texto .

12 Rodríguez, Mundo como escritura en “De Sobremesa” , en op. Cit., p. 34-36.

13 Emilio Cuervo Márquez, Phrazomela , en Revista Gris, año I. entrega 3, Bogotá, Diciembre de 1892.

14 Cursio Altamar, op. Cit., p. 99-100

15 Ibíd.

16 Williams, op. cit. p. 60.

17 Ibíd., p. 32-33. 349 1bíd., p. 39.

18 Ibíd.., p.39

19 Ibíd., capítulos I y II

20 Alvaro Pineda Botero , Novela ¿Urbana? En Colombia: Viaje de la Periferia al Centro, en Isabel Rodríguez Vergara (Ed.), Colombia: Literatura y Cultura del Siglo XX, Washington, Colección Interamer-OEA, 1995, p. 132.

21 Williams, op. cit., p. 123-124.

22 Ibíd., p. 39.
Ibíd., p. 135.

23 Ibíd., p. 138.

24 Alfonso Fuenmayor, Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla, Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura. 1978, p. 17.

25 Williams, op. cit., p. 138-142.

26 Rafael Gutiérrez Girardot, La literatura colombiana en el siglo XX , en Jaime Jaramillo Oribe (Director), Manual de Historia de Colombia, Bogotá, Procultura, 1982, p. 516-518.

27 Revista Javeriana, # 26, Julio de 1936, p. 62-63.

28 Curcio Altamar, op. cit., p. 200.

29 Para escribir este artículo de 1967 donde reseña lo que ha sido la literatura fantástica y de ciencia ficción en nuestro medio. ya fin de incluirse en la muestra y autoanalizarse a sí mismo, Espinosa adopta el seudónimo de José García Umaña.

30 José García Umaña, La fantasía en casa de lo real –La ciencia ficción y la literatura fantástica en Colombia, en Letras Nacionales, # 15. Bogotá. Julio-Agosto de 1967. p. 15.

31 María Castello, La tragedia del hombre que oía pensar , en Biblioteca Aldeana de Colombia. Varias Cuentistas Colombianas, Bogotá, Editorial Minerva. 1936.

32 Curcio Altamar, op. cit., p. 191.

33 Ibíd., p. 192.

34 Williams, op. cit., p. 34.

35 Álvaro Pineda Botero, El reto de la crítica, op. capítulo I. cit.,

36 Williams, op. cit., capítulo 7.

37 Ibíd., capítulo 2.

38 Véanse Williams, op. cit., capítulos 2 y 7; Calinescu, op. Cit., capítulo “Sobre la Posmodernidad”, y Álvaro Pineda Botero, Del mito a la postmodernidad: La novela colombiana de finales del siglo XX , en Luz Mery Giraldo (Coordinación), La novela colombiana ante la crítica 1975-1990, Cali, CEJA, 1994.

39 Véase Crononauta (Revista de Ciencia Ficción y Fantasía), Números 1 y 2, México, 1964.

40 Que, significativamente, tenía su dirección en Edgar Allan Poe 28-19 de México D. F.

41 René Rebetez, Entrevista Personal, Mayo 6 de 1997.

42 Y por ello Schwarz bromea diciendo que era una revista que salía religiosamente, es decir, cuando Dios lo permitía.

43 René Rebetez. Entrevista Personal, Mayo 6 de 1997.

44 René Rebetez. Entrevista Personal, Octubre 8 de 1996.
Véase el artículo Al lector que sirve de prólogo al ya citado en otro capítulo Cuentos de Ciencia Ficción.

45 René Rebetez, Entrevista Personal, Octubre 8 de 1996. Esta misma aserción la reitera en su ensayo El mito de la ciencia ficción , cuando afirma que la ciencia ficción "es una nueva mística" (p. xxiv).

46 Véase El Reto de la Crítica. p. 31.

47 Véase la contracarátula en Ciencia ficción-El humanismo de hoy de Mora Vélez. Personalmente lo he constatado en comunicaciones personales con Antonio Mora Vélez el 22 de Julio y el 2 de noviembre de 1996.

48 Palabras de Eduardo Pachón Padilla en Testamento Literario de Eduardo Pachón Padilla.

49 José Rafael Vilar, La ciencia ficción y Antonio Mora Vélez , en Revista CECAR, # 8, Sincelejo, Julio-Diciembre de 1994, p. 46.

50 Véase Pedro Gómez Valderrama, Cuentos Completos, Bogotá, Alfaguara, 1996.

51 José García Umaña, op. cit. p. 16-20.

52 Véase Convocatoria a los Concursos "Una Ciudad que Sueña”, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, 1997.

53 Williams, op. cit., p. 43.

54 Claro que una cosa es ser disidente del canon establecido, y otra ser disidente con resultados estéticos válidos. La ciencia ficción colombiana siempre ha sido disidente del canon establecido, pero sólo en parte es una disidencia estéticamente lograda.

55 Véase las notas donde establezco algunos juicios sobre la ciencia ficción latinoamericana.

56 Décima Feria Internacional del Libro, Mesa Redonda La Ciencia Ficción con participación de Germán Espinosa. René Rebetez y Antonio Mora Vélez, Bogotá, Mayo 1 de 1997.

57 ¿Una muestra más de lo poco que importa el reconocimiento de la crítica en este país?

58 No es casual que ya alguien haya propuesto que en vez de llamarnos "Planeta Tierra" nos rebauticemos como "Planeta Americano".

59 Carlos Sánchez Lozano, Crítica y difusión del libro en las revistas colombianas de hoy, en Magazín Dominical de El Espectador, Bogotá, # 700, Octubre 13 de 1996, p. 18.

60 Pineda Botero, Del a la postmodernidad: la novela colombiana de finales del siglo XX, en op. cit., p. 98.

61 José García Umaña, op. cit., p. 21.

62 F. Sliaer V., Viajes interplanetarios en zeppelines que tendrán lugar el año 2009, Bogotá, Editorial Centro, 1938. Todas las citas posteriores corresponden a esta edición.

63 En lo sucesivo identificaremos la obra únicamente llamándola Viajes interplanetarios.

64 Germán Bspinosa, La Noche de la Trapa, Bogotá, Litografía Colombia, 1965.

65 Álvaro Pineda Botero, Del mito a la posmodernidad, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1990.

66 Rubén Ardila, Walden Tres, Bogotá, Plaza y Janés, 1992, Segunda Edición (primera edición en Ediciones CEAC, Barcelona, 1979). Todas las citas posteriores corresponden a la segunda edición.
67 Rafael de J. Henríquez, Los dioses descienden al amanecer, Bogotá, Plaza y Janés, 1990. Las citas posteriores corresponden a esta edición.

68 René Rebetez, Ellos lo llaman amanecer y otros relatos, Bogotá, Tercer Mundo Editores, 1996. Las citas posteriores corresponden a esta edición.


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